Espacio abierto para los integrantes del taller literario Ariel Muniz y ¿ por qué no? también de otros talleres

sábado, 10 de marzo de 2012

jeroglíficos



Miguel Tolentino (2012)

Desentrañar los jeroglíficos de las miradas fue el principio, después adivinarse, leerse las manos y por último el braile sobre los cuerpos.
No volvieron a encontrarse, ambos tenían suscripción al periódico; ese que les recita malas noticias cada día
.
Miguel Tolentino (2012)

serpenteantes piernas

Violencia
Miguel Tolentino (2011)

Tus serpenteantes piernas se enroscarán en mi cadera, gruñirás, bufaré, los corazones galoparán, las garras se hundirán en la piel, los caninos buscarán el cuello, mi aguijón te penetrará y sabré que pronto moriré. Moriremos juntos. 
Reencarnaremos, segundos después, como humanos pero el instinto animal nos pondrá de nuevo en la salvaje selva de nuestras sábanas y pelearemos, otra vez, a muerte.


Miguel Tolentino (2012)

HIGIENE

tomado de la revistapulp los zombies no saben leer


Higiene
un pase
un asalto
un deceso
limpios
cubiertos para no llenarse de estomago
las manos


II

los mezquinos
las jorobas de la tierra
espulgan
lamen
bolean
con desinfectante espuma de su grasa
el ojo paciente carnoso enfermo
de la mugre que nos alimenta

III

se asea se desolla
las imperfecciones
rebosando de crema sus falanges
sus junturas.
la alegria
ya esta pudriendose
antes de ser empaquetada
y distribuida
no es 
.ella
su sotano
el muerto de su vientre
redoblando en los oidos
gravitandonos el rostro



José Zarzi (2012)

martes, 27 de diciembre de 2011

MUJER

Litografía de Leonardo Da Vinci






I.

Como el viento 
                               nace el concierto de tu voces
así vuelves 
                      y sellas con su muerte la esperanza
marcado para siempre
                                       vuelves en mis sentidos
 repito tu nombre 
                             hasta saciarme de abecedarios
ahogo la brisa 
                                         que antes rozó tu boca
y aparto el cáliz
                                                la deseo de nuevo
hasta volverla 
                                         hambre de mi hambre.
 

Ii.

creo en el destino 
                              que antes escondía tu vientre
escondo la evidencia 
                                                    labios delatores 
acerco al rostro 
                                           el sudor de tu manos
y me humillo 
                                      mujer de cifras infinitas
codicia del mal
                                              víctima de soledad
racimo de vinagres
                                                 amante ingenua
recuerdo ardiente
                                                deseo de víboras 
infestado
                                              misterio unificado
continencia de mis actos.
 

Iii.

Vuelves 
                                           y tendrás que  partir
sin remedio entre vacíos
                                                          de un aura
arrastras mi rosario 
                                                   sobre espacios 
renace mi conciencia
                                        con tu partir obligado
condenado a perder
                                        regreso a los residuos
infectados por tu ausencia.


Carlos Hernández Guerrero (2011)



martes, 15 de noviembre de 2011

MAL DE STENDHAL

Imagen

No puedo asomarme
a la felicidad sin un terrible vértigo.
Convulsa lloro
y muerdo el aire
a bocanadas.
Asir el éxtasis
congelarlo como
pieza de museo
es demasiado
cuando se agolpan
después del trabajo
en el bochorno
de la hora pico
el niño y su origami
la mano del amante
el jardín vibrante
la teporocha de la esquina
el atardecer
la Verónica de Kieslowski,
las palomas de Tarkovski.
Y me vuelvo nada
contenida en la
ventanilla del camión
vibrando
en el
espectro multiforme
único
por la
textura
de voces
coloratura del
 mundo antes
de llegar a casa
y ponerme en
la piel de
señora de tal.

Celia Garza (2011)
Imagen tomada de INTERNET

INSOMNIO 1



Abrí los ojos
con un batazo en la cara
y el knock out persistente
mantenía la habitación bajo negros incómodos
el estomago incesante
la memoria en scanner
la noche intermitente
la razón inconsolable
Abrí los ojos
ya era tarde
el cloroformo inalcanzable
para los dedos atados bajo mi propio peso
el sonido de la calle al medio día 
moviéndome la espada para presionarme

Abrí los ojos
pisé el suelo
entré en el agua
lavé golpes
lágrimas y desvelo

Con cada batalla
me incorporo más fuerte
y a la carga de nuevo.



Feber Strings


Imagen tomada de Internet

REGRESO A CASA



Cada paso que daba lo acercaba más a esa casa; de la que tanto había querido alejarse y a dónde ahora se dirigía con paso firme, no porque quisiera realmente volver, sino porque tenía simplemente que hacerlo; cada paso lo sentía más pesado, y cada paso a su vez incrementaba su ritmo cardíaco; a él que nada lo alteraba, ésta simple caminata, a la que alguna vez fuera su casa lo tenía nervioso , se acercó más, una cuadra, era lo único que lo separaba de aquélla casa, y de golpe entonces… todos sus recuerdos se vinieron, esa infancia pérdida, esa adolescencia mal llevada, esa juventud precipitada, todo se agolpó en su mente; sólo tres casas y estarían frente a frente , él y todo sus demonios del pasado, él y ese padre ausente, y a veces terriblemente presente, y entonces llegó , ahí estaba, iba a tocar a la puerta, que extraña se veía … le era familiar pero le resultaba extraña, una fachada triste, como su alma ; y entonces tocó , y frente de él , lo recibió su padre , que en ese preciso instante abría la puerta.

Y en  esa puerta , en vez de ver a ese hombre fornido a quien tanto temiera; vio a un sencillo viejecito , maltratado por la vida, con arrugas sobre arrugas, enfermo, de palidez extrema , y sintió compasión; quizás no pudo perdonarlo al momento, pero tampoco podía odiarlo viéndole así; el no sentía nada más que simple compasión por este señor que ahora mismo abría la puerta, no podía odiarle… la persona a quien tanto temía se había gastado con los años, y sin duda quién le abría no era ya la misma persona, a quién tanto resentimiento le guardara.

Entró, dio un paso hacia la casita azul, apenas iluminada por un foco amarillo de luz débil, dio la mano al viejecito y por tristeza o compasión, realmente no sé, lo abrazó. Habían tardado más de 40 años en darse ese abrazo, el mismo tiempo que él había tardado en regresar a casa, pero al fin había llegado.

Concepción Zetina Pérez (2010)
Imagen tomada de INTERNET